Macizo de Tagant

Macizo de Tagant

Arqueologia

El Gheddiya-Guelta

Ksar al Barka: Situada en el borde del río hoy seco de Wad el Abiod (río blanco), Kasr el Barka fue una ciudad mora donde recalaban las caravanas que atravesaban el desierto para comerciar con oro, sal y esclavos. Aunque existieron asentamientos anteriores, la ciudad como tal duró desde finales del siglo XVII a finales del XIX, cuando fue abandonada a causa de las guerras entre las distintas tribus árabes y los colonizadores franceses.

Mezquita de Ksar al Barka

Hoy aparece como una ciudad fantasma del desierto, inquietante con sus patios vacíos, sus paredes todavía bien conservadas con decoraciones triangulares, sus habitaciones arrumbadas de donde escapan los pájaros al entrar el visitante, sus callejuelas tapadas por la arena, la gran mezquita con todas sus columnas en pie y el mihrab donde aún se puede rezar mirando a la Meca... El escritor H.P. Lovecraft imaginó hace tiempo una ciudad misteriosa abandonada en el desierto, donde existió una civilización monstruosa anterior a la humanidad, una "ciudad sin nombre" con la que habría soñado el poeta loco Abdul Alhazred la noche antes de crear estos versos: "No está muerto lo que puede yacer eternamente, y más allá de las edades, hasta la Muerte puede morir".

Agneitir Dalma (las "Cuevas Oscuras"). En las dos entradas de esta cueva, que luego se va estrechando y oscureciendo hacia el interior de la montaña de arenisca, se puede ver un auténtico documento pintado de la ideología saharo-saheliana de los últimos cuatro o cinco mil años. Seguramente ya por entonces en medio del olor a guano de murciélago que sale de la cueva, antepasados de los pastores y agricultores negros del sur del Sahel (por ejemplo, los famosos Peul o Fulani) pintaron varias imágenes de vacas, muy parecidas al "Bovidiense" del Tassili argelino, que probablemente expresaban una ideología ideal de la vida pastoril, de la que aún podemos vislumbrar algo en la gran importancia que dan hoy todavía al ganado los pueblos actuales del sur del Sahara, desde Mauritania a Sudán y Somalia.

Gacela en Agneitir Dalma

Un conjunto de dibujos es especialmente enigmático: una gran figura de hombre aparece sobre las imágenes de 9 mamíferos, algunos claramente domésticos (vacas con grandes ubres) y otros que podrían ser salvajes (¿gacelas?): ¿Es una supervivencia de la vieja ideología de los cazadores y su control de la "fuerza espiritual del animal" a través del trance y las imágenes rupestres? Más adelante, otras gentes se dedicaron a pintar a jinetes a caballo, con lanzas y escudos, solos o formando grupos, unos con mejor factura y otros, seguramente los más recientes, de forma mucho más tosca. Sabemos que los habitantes del norte del Sahara, los antepasados de los modernos bereberes, se movieron hacia el desierto e incluso más abajo poco antes del cambio de era, y que eran consumados jinetes. Ello supuso el choque con los pastores y agricultores anteriores, que fueron obligados a retroceder hacia el sur (también por razones climáticas: las región se iba haciendo cada vez más desértica), y empezaron a ser esclavizados, práctica que luego duró casi hasta nuestros días. ¿Quién hizo las pinturas, los jinetes mismos o los atemorizados agricultores como una forma de exorcizar aquel terrible peligro? Por último, durante los últimos siglos gentes de la zona siguieron usando la cueva como un lienzo donde escribir parte de su historia, con textos coránicos, en árabe y bereber, signos geométricos para conjurar los males que pudieran caer sobre la comunidad, e incluso figuras de caballos o camellos pintados de forma muy grosera.

Cueva Leila (Tinchmart, El Gidya). En un abrigo bajo una estrecha visera a media altura de un gran acantilado de arenisca (Tinchmart), hay varios paneles realizados en una misma época, y probablemente por la misma mano, dado el parecido de unas figuras a otras, en la época de los jinetes bereberes. El panel izquierdo muestra a nueve jinetes alrededor de una gacela, con otros animales salvajes fuera del grupo (cocodrilo, avestruz, jirafa, etc.). Los jinetes llevan algo como plumas en la cabeza, tal vez a la manera de los antiguos tuaregs en sus turbantes. Una de las figuras de caballo nos indica que la representación no es exclusivamente la visión realista de un día de caza: el jinete no está en la grupa sino de pie sobre la cabeza del animal, con los brazos levantados... (Las escenas con humanos con los brazos levantados aparecen en muchos otros ejemplos de arte prehistórico sahariano). A la izquierda del grupo hay una figura humana con grandes pechos y caderas, que las exploradoras francesas Senones y Puigadeau interpretaron como una mujer "esteatopígica" (algo también muy corriente en el arte prehistórico, tal vez un símbolo propiciatorio de la maternidad). La mujer sostiene algo largo en la mano, tal vez un palo cavador, y parece llevarse una mano a la cabeza, tal vez lamentando lo que ve hacer a esos jinetes de otra raza... En el panel derecho se ve a cinco jinetes, uno de ellos a pie junto al caballo, alrededor de una gacela, mientras abajo hay varios animales más, una jirafa y dos posibles bóvidos. Los jinetes llevan algo como plumas en la cabeza, tal vez a la manera de los antiguos tuaregs en sus turbantes

Vista del abrigo de Acharim

Acharim. Cerca del pueblo del mismo nombre, en uno de los extremos de una elevación coronada por canchales de arenisca, bajo uno de ellos y ocupando apenas algo más de dos metros de largo, hay un bello conjunto pintado de animales de color rojo. Algunos de ellos son claramente salvajes, incluyendo varias gacelas y orix; otros podrían ser bóvidos domésticos o salvajes. Entre los animales se ven varias formas circulares como las que aparecen en las Cuevas Oscuras y que podrían ser calabazas u otros contenedores de cuero o cestas. Dos figuras verticales situadas junto a los animales parecen humanos con deformaciones en las cabezas que recuerdan otras muy parecidas de Norteamérica y Suráfrica, normalmente interpretadas como chamanes cazadores en estado de trance para adquirir el "poder de los animales".

Tin Oudin. Vista del Abrigo (al fondo)

Tin Ouadin. En este abrigo se puede ver otro palimpsesto de pinturas que recuerda al de las "Cuevas oscuras", aunque menos rico. Las figuras más naturalistas, probablemente las más antiguas, son de bóvidos y jinetes a caballo, realizadas muy toscamente. Sobre ellos aparecen pinturas de motivos geométricos (cuadrados, círculos, etc.). El conjunto parece haber sido realizado en fechas recientes.